Una opinión sobre la Llorona

La creencia de vida tras la muerte, ha formado parte del pensamiento humano, todas las religiones del mundo, manejan una hipótesis al respecto, aunque a decir verdad nadie tiene la certeza de que sea real su existencia, por lo que me parece muy aventurado el afirmar a priori que los fantasmas o los espíritus de la gente fallecida regresen a interactuar en el mundo físico. Este fenómeno tiene aspectos tan ambiguos como todos los llamados fenómenos sobrenaturales, que dan a pensar bastante sobre su realidad aspectos como la veracidad de las pruebas, en su mayoría relatos, alimentados muchas veces por la tradición popular y la superstición.

¡Ay! ¡Mis hijos! El prolongado lamento se repetía tantas veces como horas tenía la noche la madrugada en que la dama de vestiduras vaporosas jugueteando al viento, se detenía en la Plaza Mayor y mirando hacia la Catedral y musitaba una larga y doliente oración, para levantarse una y otra vez y desaparecer sobre el lago, que entonces llegaba hasta las goteras de la Ciudad y cerca de la traza.

Jamás hubo valiente que osara interrrogarla. Todos convinieron en que se trataba de un fantasma errante que penaba por un desdichado amor, bifurcando en mil historias los motivos de esta aparición que se transplantó a la época colonial. Los románticos dijeron que era una pobre mujer engañada, otros que una amante abandonada con hijos, hubo quienes bordaron la consabida trama de un noble que engaña y que abandona a una hermosa mujer sin linaje.

Lo cierto es que desde entonces se le bautizó como "La llorona", debido al desgarrador lamento que lanzaba por las calles de la Capital de la Nueva España y que por muchos lustros constituyó el más grande temor callejero, pues toda la gente evitaba salir de su casa y recorrer las penumbrosas callejas coloniales cuando ya se había dado el toque de queda. Muchos timoratos se quedaron locos y jamás olvidaron la horrible visión de "La llorona" hombres y mujeres "se iban de las aguas" y cientos y cientos enfermaron de espanto...

La anterior leyenda es conocida por todo (o casi todo) mexicano, sin embargo, ¿se trata solo de una leyenda o se trata de un fenómeno que aun permanece en nuestros días? Desde luego que la mayoría que conoce la leyenda, sabe de alguien que dice haberla escuchado, y los más osados dicen haberla visto, pero ¿debemos aceptar estos testimonios como la prueba de que un fantasma que data desde hace ya casi 500 años se pasea todavía en los rincones más singulares de México? Para responder esta pregunta es necesario que analicemos unos puntos.

Primero debemos echar un vistazo ala historia, los pueblos antiguos como Egipcios, Romanos, Árabes, Mayas, incluidos los Aztecas tenían en su educación la religión como pilar mas fuerte, toda su vida estaba regida por la religión y por ello ligada a creencias cosmogónicas y mágicas, de tal manera que a todo fenómeno que ellos consideraban extraordinario, se le daban explicaciones sobrenaturales.

Otro aspecto muy ligado al anterior, es el simbolismo que se utilizaba en sus textos y sobre todo los de carácter histórico, los códices muestran una gran cantidad de simbología que no precisamente tiene un significado literal como ya lo han demostrado los estudiosos de culturas antiguas.

Es muy posible que el relato con el que se inicio este texto, fuese mal interpretado por el relatador, en este caso Fray Bernardino de Sahagún. Es posible que lo que mostraba el relato fuera más bien simbólico y el fraile al haberlo traducido al castellano, lo haya hecho en términos completamente literales.

Si es así, muy probablemente (sabemos que en la conquista proliferaron muchos mitos o versiones manipuladas para completar la dominación española, prueba de ello unos años mas tarde vendría la aparición del Tepeyac) tenemos un mito, como todos, alimentado por la superstición y la ignorancia, y que ha sobrevivido hasta nuestros días.

Las personas que cuentan haberla escuchado, hablan del clásico alarido "¡Ay mis hijos!", del cual NO EXISTEN GRABACIONES FIDEDIGNAS, lo que nos lleva a hacer una reflexión; si es un fenómeno real y tan frecuente en muchas partes del país, y lo mejor, escuchada ya por miles de personas, ¿qué a nadie se le ha ocurrido grabarlo debidamente? Si es un sonido perceptible tan perfectamente al oído que se puede comprender lo que dice, desde luego que puede ser registrado por una simple radio grabadora.

Existen testimonios, que afirman que el grito no dice palabras, sino se limita a un grito común como el de un ¡AY! Para lo cual existen diversas explicaciones:

  1. Animales nocturnos. En sitios rurales, no es extraño que pese a nuestros lesionados ecosistemas, aun se pueda observar actividad de animales nocturnos, aves principalmente que sabemos que muchas de ellas emiten graznidos que pueden confundirse con voces humanas.
  2. Gente viva. En las ciudades por otro lado, la delincuencia es ya típica y a altas horas de la noche no es de dudar que alguien cometa fechorías y dañe a personas que transiten por necesidad a esas horas, a lo cual al ser atacadas lógicamente van a emitir gritos de terror y de dolor.
  3. Acciones producidas por el clima lo que me lleva a recordar que un amigo mío decía escuchar a la llorona en casa de sus abuelos quienes Vivían en una zona rural, mas tarde se dio cuenta que se trataba del viento que soplaba sobre un tractor viejo y producía un sonido similar al grito de una mujer.

Como vemos al igual que los ovnis, monstruos y demás fenómenos "raros", las explicaciones pueden ser muchas. Podríamos llenar esta hoja electrónica de ellas, y cualquiera podría ser plausible menos la idea originada en un mito que alguien tradujo sin pensar que quizá se trataba de un lenguaje figurado.
Las hipótesis que manejan sobre la "identidad" de la Llorona, son diversas tambien, sin embargo la que más me llama la atención por su falsedad es la que dice que se trata de la Malinche, quien arrojó a sus hijos a un río y por tanto su alma pena como la Llorona, lo cual es totalmente falso para quienes saben un poquito de historia, pues la Malinche sólo tuvo un hijo con Hernán Cortés, Martín Cortés, quien no fue arrojado a un río cuando niño, pues realizo una rebelión siendo ya un adulto.

Creo que diversos mitos que datan de tiempos antiguos, sólo se deben al empeño del ser humano de continuar con una realidad mágica y en la que todo puede suceder, por el simple motivo de desechar la realidad actual.